Queridos Hermanos:
Con pena, les comunico que a las 7.00 de hoy, 3 de junio, ha fallecido en Lima el Hermano Julio Ibáñez, a los 87 años de edad.
La noticia nos ha pillado muy de sorpresa, tanto a Mariano como a mí, ya que ayer convivimos con él y se le veía bien. Bastante delgado, sí, pero de buen ánimo y con buenos colores. Nada presagiaba que tuviera un final tan rápido. Es cierto que llevaba varios meses haciéndose exámenes y los doctores no descubrían nada. Esta es la razón por la que se encontraba en Las Garzas, esperando los resultados finales, que justamente le iban a entregar hoy día.
Anoche a eso de las once empezó a sentirse mal. Fue enviado urgentemente a la clínica contigua a nuestra casa de Las Garzas. Allí diagnosticaron que se estaba frente a un infarto y le derivaron a otra clínica para ser operado. Durante la operación falleció.
Estaba ilusionado con viajar el próximo mes para encontrarse con su familia. El Señor ha querido que emprendiera, sin previos preparativos, otro viaje más largo para reencontrarse con sus familiares más cercanos y con tantos hermanos que le han precedido, en este servicio a Dios a través de la mediación de nuestra Congregación.
En la tarde de ayer, presenciamos un hecho que expresaba el tremendo cariño que tenían a Julio tanto los hermanos como los profesores, administrativos, personal de servicio, padres de familia y ex-alumnos que se cruzaron con él a lo largo de casi 70 años de vida marista. Un antiguo padre de familia que se había enterado de que estaba en Lima, fue a visitarlo y era mucha la alegría que irradiaba al encontrarse con él y fundirse en un abrazo. Le llevaba dos botellas de buen vino para que compartiera con los hermanos la fiesta de Marcelino. Esas botellas serán un pálido reflejo de la confidencia que me hizo hace tiempo un hermano de Perú: “Cuando sea mayor me gustaría vivir como el H. Julio. Así da gusto ser marista. Su manera de enfrentar esta etapa y la trayectoria de su vida, me motivan y entusiasman”.
Hermanos, Julio se nos ha ido como a él le gustaba: calladamente, sin causar molestias, con la sonrisa en el rostro y en paz, con mucha paz. Su estela de vida no se borrará de nuestra historia marista. A él le ha tocado iniciar el Centenario de la obra marista en el Perú, aquí en la tierra, y culminarlo en el cielo, en compañía de tantos vinculados a nuestra Congregación.
Que nuestra pena por el tesoro que perdemos, vaya acompañada de la esperanza de que ya está gozando del amor tierno y conmovedor de nuestro Padre Dios. Que de nuestros labios brote la gratitud y la súplica. Perú necesita que surjan relevos de la calidad de nuestro hermano, que contagien el evangelio a la niñez y a la juventud, en este nuevo ciclo de la vida marista en este país. |