Sentimientos encontrados nos reúne nuevamente en este año académico 2015. Atrás quedan los recuerdos de un año muy difícil, de partidas inesperadas, de comprobar que en el dolor estamos más unidos que nunca como Familia Marista. Sabemos que desde donde estés, querido amigo Arturo Cherres, la alegría de tu vida perdurará por siempre entre nosotros.
Recordar que vivimos un caminar hacia el Bicentenario Marista. Desde el 28 octubre del 2014 al 22 de julio del 2015 viviremos el “Año Montagne”. El encuentro con el joven Montagne fue un acontecimiento que marcó profundamente la vida del P. Champagnat y ciertamente provocó el nacimiento del Instituto Marista.
El 23 de julio de 1816, al día siguiente de su ordenación, un grupo de jóvenes sacerdotes, llenos de ilusión, se encamina hacia el Santuario de Fourvière, en Lyon. A los pies de Nuestra Señora, hacen su promesa de fundar la Sociedad de María. El 23 de julio del 2016 celebraremos los 200 años de esa promesa. Por ello este tiempo se lamará “Año Fourvière”.
La casa de La Valla será el ícono que orientará nuestro tercer año, el “Año La Valla”, desde agosto de 2016 hasta agosto de 2017. La celebración central, será en torno al 02 de enero de 2017, cuando cumpliremos 200 años de nuestra fundación.
Como cada año, recibimos mensajes esperanzadores para continuar con la Misión de Evangelizar a través de la educación. Este año nos invitan a ser más Maristas que nunca y que iniciemos “Un nuevo comienzo… de evangelización, experiencia y camino”. Que este mensaje llegue a todos, padres de familia, alumnos y personal del colegio, para asumir el compromiso de fortalecer el Reino de Dios, siendo buenas personas, dando testimonio de vida, desde el rol que nos toca vivir. Juntos podemos construir una sociedad más justa y solidaria.
Nuevamente reitero mi agradecimiento por confiar en la educación marista. Nosotros seguiremos siendo fieles a nuestra misión de formar a vuestros hijos como “Buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”, al estilo de María y al legado del padre Champagnat quien nos enseñó que “Para educar a un niño hay que amarlo, y para amarlo hay que conocerlo”.
Que la presencia de Jesús, la ternura de María, nuestra Buena Madre y la audacia de Marcelino Champagnat acompañen su esfuerzo y entusiasmo cada día.
Fraternalmente,
Lic. Victor Antonio Quiroz Cacho
Director General